El pequeño Andy
Molesto, no me extraña.
Pareciera como si las mañanas de ese
día en particular fueran siempre así: molestas. No por el hecho de quejarme de
ir al gran salón, más bien, por la demora, la tardía, la rutina de siempre:
levantarme temprano, hacerme tarde. Me alisté y partí. ¿Cómo iba a disfrutar de
la estadía estando con esa actitud?, pregunta que se formulaba de manera
inmediata, cada vez que salía del apartamento rumbo a mi destino de
no solo ese día en particular. No iba solo, eso queda claro.
Ni una palabra en el camino, ni un cruce de miradas, ni un
gesto de cortesía, nada de eso. Sabía que iba a recibir una lección, ya las había
recibido antes; pero ¿cuál podría ser? Dejé
que todo siguiera su curso: saludos en la puerta de entrada, sonrisas, y muestras
de afecto hacia los demás. Ya había cumplido con el primer protocolo, faltaba
el segundo.
Me seguía preocupando mi actitud, mi molestia, mi hipocresía.
¿Qué más podía hacer?
¿Qué más pude
haber hecho las veces anteriores? La respuesta era la misma: observar.
Me detuve, no... Yo no, el tiempo. Miento, no se detuvo, empezó
a hacerse más lento.
Excelente oportunidad para observar. Me pareció una
eternidad, cuando en realidad solo fueron segundos. No desaproveché la
oportunidad, procuré capturar toda la luz que había en ese gran salón la cual
me ayudara a iluminar mi mente. Distintas imágenes pasaron desapercibidas, eran
como destellos impertinentes que se cruzaban en mi camino; necesitaba algo más
deslumbrante.
Casi al mismo instante en que la velocidad del tiempo retomaba
su estado original, mis ojos se percataron de una luz diferente, una luz que no
oscilaba, una luz que no lastimaba, ni era inoportuna: era el pequeño Andy. La inocencia de aquel
niño sobrepasó los estándares de luminosidad conocidos, o al menos, los que yo conocía.
Tuve el impulso de ir a abrazarlo, a él, y a su fiel padre quien lo acompañaba;
puesto que, tener una enfermedad así, requería de mucha paciencia, la cual yo
necesitaba.
Lo que sigue ya es historia, todo salió como esperaba.
La mañana parecía perfecta, y, sin embargo, un personaje
desde lejos me observaba. Pareciera que estuviera enojado, frustrado, molesto…
no me extraña.

Emocionante lectura, las lecciones siempre llegan, inclusive aun sabiendo que van a llegar y que estamos preparado para ello, nos toma por sorpresa. Lo importante es aprender la lección día a día. Saludos
ResponderEliminarGracias por el comentario apreciado hermano, y sí, es cierto, lo importante es aprender la lección día a día.
Eliminar