"No sabía que no podía"
"No sabía que no podía."
Siempre se esmeraba por rendir de la mejor manera, se esforzaba a diario por cumplir con su deber, ni más, ni menos. Ninguna regla desconocía, ya había pasado por experiencias no tan gratas lo cual ayudaría a que fuera más cauteloso, más precavido, más reservado incluso. Actuaba con circunspección. Muchos lo veían extremista, incluso pensaban que había perdido el sentido común...él, por momentos, también pensaba lo mismo.
"Saldremos a esta hora y regresaremos a esta otra. No, así no se hace. Está mal. Déjeme que yo lo hago". Por muchos días y casi desde el amanecer, las únicas palabras o dicho de otro modo, el tono en el cual las expresaba, era el de corrección, el de "las cosas se hacen a mí manera".
Y fue ahí, en donde esa personalidad extrovertida pero a la vez de auto-confianza del otro buen muchacho, se fue desvaneciendo.
Ya no opinaba, solo asentía con la cabeza, no refutaba, solo seguía órdenes.
Acostumbrado al mismo trato, no diré que el cariño o aprecio se convirtió en odio o rencor. Sin embargo, el respeto que tenía hacia él se transformó en miedo y temor.
Benditos los minutos a la semana que tenían para conversar sobre su relación laboral, el desempeño rendido por ambos, darse críticas constructivas; aunque, "crítica constructiva", curioso término, no lo hallamos en los Sagrados Textos, sin embargo, lo encontramos de otro modo: juzgad con justo juicio.
Ahorita no recuerdo el protocolo que se debía seguir exactamente, solo recuerdo que, una vez más, empezó a enumerar toda la lista de errores cometidos por el muchacho."No puede hacer esto, no se podía hacer lo otro, no debió hacer aquello, etc". El muchacho, pobre muchacho, era un buen muchacho, es un buen muchacho.
_"Oiga" - le dijo en voz baja. Él lo miró como pensando: "perdón, pero, ¿me estás interrumpiendo?"
_"Oiga un momento, solo una cosa referente a lo que me dice" - volvió a decir un poco temeroso.
_ "Sí, dígame"
_"En cuanto a lo que me dice que no podía, ni debía hacer..."
_"Ajá, sí, qué pasa con eso, aún no termino"
Más molestia y enfado albergaba en su corazón, él solo quería seguir mencionando la lista de errores cometidos... y de pronto escuchó la frase que resonaría y sigue resonando hasta el día hoy:
"No sabía que no podía"
Se detuvo, no... Él no, el tiempo. Miento, no se detuvo, empezó a hacerse más lento.
¡Un baldazo de agua fría!
Tuvo repentinos flashbacks que le hacían recordar las innumerables veces de cuando hizo eso: juzgar, no solo juzgar, juzgar sin justo juicio.
Hubo segundos de silencio, la vergüenza parecía consumirlo y el nudo en la garganta era inevitable.
_"Perdón, perdóneme" - y se retiró de la sala.
Meditó por días, seguía disculpándose e intentado no volver a cometer el mismo error. Leía mucho, quería una respuesta... no la encontraba, era perseverante. Una mañana de agosto o septiembre, no recuerdo, encontró en una revista lo que había pasado, quizá un consejo algo tardío pero cuán oportuno y preciso: "No juzguen a las personas ni las traten injustamente solo porque pecan de manera diferente a como ustedes, o nosotros lo hacemos"
Hasta ahora no lo olvida, hasta ahora no lo olvido.

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